Pensar el Estado desde los pueblos mayas: La producción colonial de Guatemala

Si el Estado nos ha involucrado en los entuertos de la dominación, parece preciso desmenuzarlo en su naturaleza, filosofía, ideología, estructura y forma de operar, más que solo vestirlo con nuestros colores como apuntan las políticas multiculturales. 
Este libro pretende ser una contribución para develar al Estado como sistema de dominación y repensar la política indígena.

Dra. Cumes en su sala
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Aura Cumes es una de las voces intelectuales más potentes de Guatemala. Foto: Edwin Bercián / No Ficcion

Pensar el Estado desde la experiencia de los pueblos mayas

En marzo de este año, un grupo de académicxs y activistas mayas, reunidos en el colectivo Comunidad de Estudios Mayas Ixb’alamkyej Junajpu Wunaq (Cemijw), publicamos el libro La producción colonial del Estado guatemalteco.

Algunos podrían considerar que este es un libro más en un país donde se escribe y se lee poco. Sin embargo, quienes lo elaboramos lo hicimos pensando en la utilidad de registrar diálogos que hemos venido sosteniendo desde hace muchos años dentro del colectivo y con muchas personas mayas en nuestras comunidades, pueblos y organizaciones.

En este volumen optamos por pensar al Estado, y lo hicimos desde la historia, la antropología, la filosofía y la literatura. No problematizamos al Estado desde teorías lejanas, sino desde aquellas que dan sentido a nuestras experiencias. El poder estatal atraviesa nuestras vidas, ha logrado definir en buena medida nuestros cuerpos individuales y colectivos y busca controlarlos.

Los pueblos indígenas hemos vivido el Estado como una forma de dominación. Esto es así porque dicho aparato fue diseñado por los criollos, en 1821, como una maquinaria colonial que posibilitara la acumulación mediante el despojo. Los mayas fuimos definidos por el Estado no como “ciudadanos”, sino como “sirvientes”.

Por ello, no entendemos lo colonial solamente como una herencia abstracta de España después de trescientos años de invasión y dominación. Enfatizamos que la dominación establecida a través del Estado tiene formas propias y se ha organizado también mediante los pactos de sus dirigentes con los imperios estadounidense y europeo.

Se muestra una mujer indígena sosteniendo la publicación "La Producción Colonial del Estado Guatemalteco"

Territorio, despojo y poder colonial

La tierra y la disponibilidad de la fuerza indígena fueron recursos centrales para configurar el poder colonial del Estado.

Según Jorge Santiago Matías, desde su origen el Estado organizó, cartografió y despojó el territorio de los pueblos mayas utilizando dispositivos legales, políticos y económicos que ampliaron y prolongaron el modelo colonial.

En el siglo XIX, desde el poder criollo-ladino se estructuró un modelo de apropiación territorial que destruyó, en gran medida, las formas indígenas de estructurar la territorialidad. Se buscó quebrantar una concepción de la vida basada en habitar y coexistir con otras especies y seres dentro del territorio o taq’aj juyub’, tz’ul taq’aj.

Este proyecto colonial ha permanecido desde la génesis estatal hasta los tiempos neoliberales del siglo XXI.

Colonialismo, capitalismo y patriarcado

Para Aura Cumes, la dominación colonial está vinculada al capitalismo y al patriarcado, no solo como hechos materiales, sino también como epistemologías del dominio, es decir, como saberes que se crean para someter.

Para saquear con impunidad, las élites criollas utilizaron la raza, el sexo y la clase social como artefactos biologicistas, decidiendo qué vidas serían consideradas superiores y cuáles inferiores.

Marco Chivalán coloca otro asunto crucial al plantear cómo la construcción de ideas sobre “la sodomía” se convirtió en otra tecnología de poder sexo-racial de las élites españolas y criollas. Considera que la defensa a muerte de la heterosexualidad está directamente relacionada con el cuidado del matrimonio y de la familia blanca supremacista, asumida como racialmente superior; es decir, la familia de aquellos habilitados para despojar.

Al operar de manera fusionada los sistemas de dominación colonial, patriarcal y capitalista, se produjo una violenta reestructuración de la vida indígena, al punto de que los colonizadores y, posteriormente, los finqueros —criollos, europeos y ladinos— llegaron a convertirse en dueños de las familias y comunidades indígenas.

Es desde esta posición que el patriarcado colonial genera acumulación capitalista.

La violencia sexual contra las mujeres indígenas ha sido un método permanente utilizado para doblegar a comunidades, pueblos y familias indígenas, como volvió a ocurrir durante el conflicto armado que se prolongó durante treinta y seis años, entre 1960 y 1996.

El patriarcado colonial creó una forma de vida en la que se volvió imposible la paridad entre hombres y mujeres mayas, porque el gobierno colonial otorgó poder a los hombres indígenas para subordinar a las mujeres del mismo grupo.

A la vez, estos hombres no gozan de la masculinidad del colonizador porque han vivido una forma de “castración simbólica”.

Pensar al Estado como una institución que contiene estas tres formas de dominación ayuda a comprender sus múltiples y, muchas veces, indecibles mecanismos de violencia.

La producción colonial de lo humano

Marco Chivalán argumenta que, desde la colonización española, se estableció un cuadro general de dominación mediante la animalización de los pueblos originarios, convertidos en “naturaleza despojable”.

Esta naturalización de los indígenas como bárbaros justificó tecnologías de sometimiento y aniquilación que pueden resumirse en la gran metáfora de la civilización y del humanismo cristiano.

De esta forma, la infantilización y la bestialización de los indígenas han servido para crear un aparato profiláctico frente a quienes fueron definidos como “salvajes”.

En este contexto, Chivalán invita a no sentirnos humanos, puesto que jamás llegaremos a serlo bajo los términos impuestos por ese humanismo. Desde las cosmogonías de los pueblos originarios existe, en cambio, una relacionalidad constante con otras especies y formas de vida, lo que representa un duro cuestionamiento al antropocentrismo humanista.

El orden supremacista que define a Guatemala y a América Latina es global, sostienen Emil’ Keme’ y Juanita Cabrera López. Ambos analizan cómo se vinculan imperialismo y colonialismo para defenestrar la vida de los pueblos originarios.

Desde hace casi medio siglo, muchos pueblos indígenas han sido expulsados de sus territorios de origen y desplazados forzadamente hacia países como Estados Unidos, desde donde ahora son expulsados mediante políticas racistas que los definen como criminales. De esta forma se reproduce nuevamente una ontología que establece quién puede ser considerado humano y quién no.

Foto grupal de integrantes del Colectivo Cemijw
Foto grupal de Colectivo Cemijw durante presentación del libro.

Los límites de la representación indígena

Edgar Esquit problematiza la participación de los indígenas en instituciones diseñadas por el poder colonial y los define como “intermediarios”.

Después del asesinato de los líderes indígenas, los invasores establecieron un gobierno indígena bajo tutela española. Los caciques y principales intermediaban un sistema de control sobre los propios indígenas del común.

Hasta la actualidad, los indígenas han jugado un doble rol dentro de este proceso: en determinados momentos aparecen como defensores de los intereses coloniales y, en otros, como protectores de sus comunidades.

Desde el siglo XIX, el régimen republicano colonial ha intentado definir este tipo de gobierno como “representación indígena”, sin mostrar que estos intermediarios quedan atrapados dentro de los límites políticos estatales organizados a través de la violencia, la diplomacia y el orden legal.

Los intermediarios indígenas deben ceñirse a los conceptos y marcos oficiales definidos por las élites políticas y económicas ladinas y criollas.

La supuesta representación maya —e indígena— en el gobierno central se desvanece rápidamente cuando estos intermediarios se colocan del lado de la comunidad y asumen una posición desafiante frente al poder colonial.

Intentar definir un discurso y una práctica política propios en el marco del Estado implica alcanzar una frontera prácticamente infranqueable. Cuando esto sucede, funcionarios y autoridades indígenas pueden ser desplazados mediante castigos ejemplares.

Desmontar el Estado como dominación

Si el Estado es una maquinaria compleja que nos ha involucrado en los mismos entramados de la dominación, parece necesario desmenuzarlo en su ideología, su estructura y su forma de operar.

Quizás este libro sea una contribución para develar y desmontar el Estado como forma de dominación colonial, capitalista y patriarcal sobre los pueblos, y para replantear los desafíos que tenemos frente a ello.

Nota editorial

La Fundación Heinrich Böll Centroamérica apoyó la publicación de esta obra como parte de su trabajo para fortalecer la producción y circulación de pensamiento crítico desde los pueblos indígenas.

La producción colonial del Estado guatemalteco fue publicado por Tujaal Ediciones con el apoyo de la Fundación Heinrich Böll Centroamérica. La publicación impresa puede adquirirse directamente a través de la editorial.

Conocer y adquirir la publicación en Tujaal Ediciones

Compartimos este artículo de Aura Cumes y Edgar Esquit, integrantes de la Comunidad de Estudios Mayas Ixb’alamkyej Junajpu Wunaq (Cemijw), a partir de la publicación del libro La producción colonial del Estado guatemalteco.  

La obra reúne reflexiones de académicas, académicos y activistas mayas que analizan críticamente la conformación y continuidad del Estado guatemalteco desde la experiencia histórica de los pueblos indígenas.

En una entrevista realizada por Elsa Chiquitó Rucal para No Ficción, Aura Cumes profundiza en algunas de las preguntas centrales del libro: la ciudadanía negada a los pueblos indígenas, la persistencia del despojo y las dificultades que enfrentan las y los intelectuales mayas para producir y publicar conocimiento desde sus propias perspectivas.

Leer la entrevista completa en No Ficción